1 marzo, 2019

Jonathan Hernández

Paulina es una mujer con una agenda diaria bastante ocupada. Ella trabaja como gerente en una importante empresa de servicios financieros, está casada con Raúl hace 12 años y tienen dos niños, el mayor de 9 y la niña de 6. Como es de imaginar, sale muy temprano a llevar a los niños al colegio y luego sigue rumbo a su oficina, donde se le va el día entre reuniones, atención de clientes y otras actividades menores.

Al mediodía, su esposo se encarga de los niños y los lleva a las clases de música o de natación; ella sale al final de la tarde disparada de su trabajo y los recoge para regresar a casa donde empieza su segunda jornada: hacer compras en el supermercado, preparar la cena y la lonchera del colegio de los niños, etcétera. Se acuesta casi a las 11 de la noche, cansada. No tuvo tiempo de distraerse, encender la tele y ver alguna película, un capítulo de alguna serie o al menos el
noticiero.

Sin embargo, Paulina decidió que necesitaba despejarse un poco de sus quehaceres así que compró una Tablet, con la que puede robarse algunos momentos en su trabajo, cuando no está tan cargada de tareas, para conectarse y ponerse al día con las noticias. En las noches, mientras hace la cena, ella se conecta y descarga el capítulo pendiente de su serie preferida –¡gracias a Dios el programador los cuelga en línea para poder verlos cuando quieras en su portal de
contenidos!— ya que los niños se entretienen viendo sus dibujos animados en la tele de la sala y su esposo observa videos en línea desde su laptop.

El relato anterior describe una escena típica de cómo una familia promedio en la actualidad disfruta de contenidos para su esparcimiento. La imagen idílica de la familia sentada en la sala de la casa disfrutando un programa de televisión probablemente está quedando relegada a los fines de semana para ver películas o eventos deportivos de gran atractivo. Hoy en día se está acentuando cada vez más el disfrute individual y, si se quiere, a la medida de los gustos y referencias
de cada persona.

Analistas especializados en el uso de medios y nuevas tecnologías para la información y el entretenimiento concuerdan en que la sociedad está viviendo tres tendencias claramente definidas; la primera, la manera en que cada persona
establece su propia “parrilla” televisiva, inclusive en múltiples pantallas simultáneamente. En la práctica, cualquier dispositivo conectado a Internet puede convertirse ahora en una ventana para esos contenidos, de modo que la forma en
que se “consumen” los productos audiovisuales ha cambiado y no parece haber vuelta atrás.

En segundo lugar, el contacto con múltiples medios para conocer lo que sucede alrededor permite que los consumidores sean ciudadanos bien informados y exigentes. Y ellos mismos son quienes deciden cuándo y cómo acceder al contenido. Los dispositivos móviles (tabletas, teléfonos inteligentes, laptops y los que estén por venir) tienen una cercanía que los convierte en objetos de uso personal, es por ello que estos “televidentes” de nuevo cuño no se conforman con ir corriendo a encender el televisor en un horario específico para no perderse su programa favorito. Ahora el consumo se realiza cuando el usuario lo desee y los programadores o desarrolladores de contenido están plenamente conscientes de
que para atraer audiencias tienen que afrontar este reto.

Y el tercer elemento se relaciona precisamente con los productores de contenido, quienes están viviendo un ambiente de alta competitividad para lograr la atención de este consumidor tan exigente. Es por ello que la apuesta a la creatividad en las historias y en los formatos es alta; tanto que ahora se habla de la nueva “Edad de Oro” de la televisión. Por lo tanto, se avizora que el talento creativo seguirá siendo un gran elemento diferenciador y principal atractivo para los consumidores.

“Gadgets” y servicios en línea a la orden del día

Estas tendencias no serían posibles sin la presencia de los avances tecnológicos, la cara visible que permite al nuevo televidente-internauta acceder a los contenidos de su preferencia. Entre estos elementos es posible destacar los
siguientes:

Streaming TV: un servicio de televisión online brinda al usuario una gran cantidad de contenidos (películas, series, etc.), para decidir en qué momento verlos y sin cortes. Televisión a la carta como le dicen. Con la velocidad de las conexiones actuales, disfrutar de la televisión por internet con buena calidad es perfectamente posible. Además se puede ver TV en la PC, portátil, Tablet y otros dispositivos.

Pantallas curvadas: algunos fabricantes ya han presentado prototipos de televisores de grandes tamaños (más de 80 pulgadas) y pantallas curvadas. Inclusive hay modelos (no comerciales) que permiten curvar el televisor solo
presionando un botón, por lo que la pantalla es parcialmente flexible. El propósito: brindar una profundidad de imagen mucho más parecida a la realidad, hasta conseguir un efecto similar al 3D sin usar lentes.

Resolución 4K: la resolución es la medida para saber cuántos píxeles muestra a la vez el televisor en la pantalla. Mientras más puntos formen la imagen, ésta será más nítida. Por este motivo un televisor LCD se ve mucho mejor que uno de tubo. Actualmente los televisores LCD suelen tener resoluciones de 1920 x 1080 píxeles, es decir 1080 líneas de 1920 puntos cada una. La resolución 4K es mucho más ambiciosa: 4096 x 2160 píxeles. Gracias a esto sería muy difícil
distinguir un punto en la pantalla, incluso se podría ver un TV de 100 pulgadas a poca distancia sin que se pierda calidad.

Sistemas avanzados: los televisores más modernos tienen sistemas operativos avanzados. Por ejemplo permiten ejecutar aplicaciones como juegos, redes sociales e incluso comunicarse con el aparato mediante gestos y voz. No tienen mucho que envidiarle a un teléfono móvil Android.

Televisión aumentada / interactiva: nuevos servicios y accesorios permiten mejorar la experiencia mientras se ve televisión, brindando información contextual de lo que se está observando. Un ejemplo sería ver un partido de fútbol y poder desplegar la plantilla de jugadores en la pantalla, mostrar el nombre de la canción que se escucha o textos informativos de lo que se está hablando en el show, todo a voluntad del usuario.

Ante las evidencias, sólo queda señalar que quiénes afirman que la televisión ya tiene su sentencia de muerte a causa de las nuevas tecnologías, parecen no darse cuenta del fondo del asunto. La televisión no va a morir, pero la manera en que
se disfrutan los contenidos televisivos sí está cambiando. Ese es el reto que todos los actores en la industria del entretenimiento y de la información tienen que enfrentar para seguir cautivando a sus audiencias.